22/12/2012

Jack Unterweger (El Estrangulador De Viena)

Jack Unterweger nació en la pobreza y cuando lo encarcelaron por su primer asesinato tenía 24 años y era analfabeto. Sin embargo, su gran inteligencia innata hizo que aprendiera a leer y escribir en prisión, saliendo en 1990 tras publicar una autobiografía que fue bestseller. Ya libre, un Jack se dedicó a escribir, y otro Jack a matar.

Jack Unterweger nació en Austria un 16 de agosto de 1952. Su madre fue una prostituta (en Austria la prostitución era y aún es legal) y su padre un soldado norteamericano que combatió en la Segunda Guerra Mundial. Jack fue el único hijo de ambos y supuestamente fue engendrado en una relación cliente-prostituta, por lo que desde el inicio su padre estuvo ausente.

La madre de Jack consumía alcohol y drogas, aunque él estuvo poco tiempo con ella pues ésta lo dejó con su abuelo cuando él era un niño pequeño, cosa que contribuyó negativamente a su formación ya que, según su testimonio, su abuelo era alcohólico y tenía relaciones sexuales sin importarle que él lo viese u oyese… Además era negligente e irresponsable en la crianza del pequeño Jack, puesto que jamás se encargó de enviarlo a la escuela y, si no fuese por la gran inteligencia que al parecer heredó de su desconocido (solo se sabía que era un soldado norteamericano) padre, jamás se habría encargado de aprender por su cuenta a leer y escribir, tal y como lo haría tiempo después en prisión.

Jack era hijo único de una prostituta austríaca y un soldado estadounidense. Cuando Jack era un niño pequeño, su madre lo entregó a su abuelo para que éste lo críe, pero el abuelo de Jack era alcohólico, tenía relaciones sexuales delante de él y era un irresponsable que jamás lo envió a la escuela… Fue en parte por eso que desde su adolescencia Jack se inclinó hacia la delincuencia, siendo arrestado por primera vez a los dieciséis años tras asaltar y agredir a una prostituta.

Por todo ello fue natural que Jack se inclinase desde temprana edad hacia el crimen, iniciándose a los 14 años con asaltos a prostitutas, pese a que gustaba pagar por sus servicios. Terminó así siendo detenido por primera vez a los dieciséis años, a causa de agredir y asaltar a una prostituta. Lejos de frenarse tras su detención, Jack subió más peldaños en el mundo criminal y, entre 1966 y 1973, robó automóviles, asaltó más prostitutas (generalmente empleando un tubo de acero) y pasó mucho tiempo en prisión, siendo detenido una y otra vez…

En 1974 Jack cometió el primero de sus asesinatos con ayuda de la prostituta Bárbara Scholz. Nunca pensó en matarla, pero la ira se apoderó de sus manos.

En 1974 Jack y una prostituta asaltaron la casa de la estudiante alemana Margaret Schaeffer (arriba). Tras el asalto, Jack y la prostituta la ataron y la llevaron a un bosque, donde Jack le exigió a Margaret que le haga sexo oral y, como ella se negó, él entró en cólera, la golpeó con un tubo de acero y la ahorcó con su propio sostén. Ese fue su primer asesinato y, de igual modo en los que vendrían, siempre ahorcaría a las víctimas con prendas suyas, pasando a ser esa característica su firma criminal al ejecutar a las víctimas.

Todo comenzó como un asalto a la vivienda de Margaret Schaeffer, estudiante alemana de dieciocho años. Concluido el robo y con la ayuda de Bárbara, Jack ató a Margaret y la trepó en su automóvil, llevándola hasta un bosque cercano en donde empleó la correa de su abrigo para atarle las manos a la espalda, tras lo cual la golpeó, le quitó la ropa y le exigió que le haga sexo oral. Ese momento fue decisivo pues, si Margaret le hubiese practicado unas cuantas felaciones, muy probablemente estaría viva y la historia fuera muy distinta, pero el caso es que se negó, encolerizando a Jack en tal grado que éste la golpeó con su tubo de acero y la estranguló con su propio sostén, dejando después el cadáver boca arriba y cubierto por un manto de hojas. Era la primera vez que mataba, pero lo necesario para que vuelva a hacerlo había despertado.

Fue así que poco después asesinó a otra prostituta más: Horveth Marcia. Nuevamente la chica fue estrangulada con prendas suyas (sus medias y su corbata), aunque en esta ocasión el cadáver fue arrojado al Lago Salzachsee, a causa de lo cual tendría que pasar mucho tiempo para que se lo investigase por el delito en cuestión.

Jack pudo haber continuado tranquilamente luego de sus primeros asesinatos, pero quien había sido su cómplice lo delató. En efecto, por razones de conciencia o simple conveniencia, la prostituta Bárbara Scholz informó sobre lo sucedido con Margaret Schaeffer y la Policía detuvo a Jack para interrogarlo.

En 1976 Jack fue arrestado (arriba) después de que la prostituta que lo ayudó informase a la Policía sobre el asesinato de Margaret Schaeffer. Entonces lo condenaron a cadena perpetua, pero la condena no se cumpliría y Jack no solo aprendería a leer y a escribir en la cárcel sino que además descubriría su talento para la Literatura, transformándose luego en un reconocido escritor.

La presión de los agentes fue suficiente para derrumbar emocional y moralmente a Jack, haciendo que éste confesara el asesinato de Margaret. Según dijo, lo hizo porque imaginó a su madre delante de él, porque la vio en Margaret y toda su ira salió repentinamente, haciéndole desfogar en la chica toda esa rabia guardada. Debido a esa y a otras conductas, el psicólogo forense Klaus Jarosch describió a Jack como un psicópata y sádico sexual de tendencias narcisistas e histriónicas, como un “criminal incurable” que “tiende a repentinos ataques de ira y rabia”.

Después de la confesión, Jack fue juzgado y en 1976 se le sentenció a cadena perpetua. Allí él entró como un analfabeto, pero su inquieta inteligencia lo movió a aprender a leer y a escribir, con una avidez y una rapidez tales que aquel constituyó el inicio de un nuevo Jack Unterweger. Dijo por ello el investigador Nigel Blundell: “en cada oportunidad que tuvo, estudió minuciosamente todos los libros a su alcance. Leyó a los grandes escritores. Editó un periódico en la prisión y también una revista literaria”. Y es que, como se ve, Jack no solo poseía una buena inteligencia sino un marcado talento literario, de modo que, tras años de leer y leer, él comenzó a crear poemas, cuentos y obras de teatro, delineando su salto a la fama con la escritura de su autobiografía en 1984. El título de aquella obra fue Fegefeuer: eine Reise ins Zuchthaus(“Purgatorio: un viaje a la prisión”) y dentro de sus páginas Jack narró su oscura infancia, su tormentosa adolescencia y sus repudiables crímenes. Muchos críticos amaron la obra y el libro ganó un premio literario y se convirtió en best-seller. El Jack Unterweger escritor había surgido e iniciaba sus memorias con estas palabras: ‹‹Mis manos sudorosas están atadas a mi espalda, con cadenas de acero alrededor de las muñecas. La fuerte presión en mis piernas y en mi espalda me hace percatar de que mi única escapatoria es acabar con esto. Permanezco despierto, removido de la liberadora inconsciencia de las ovejas. Bañado en mierda, temblando. Mis pequeños sueños miserables son un diario recordatorio. Con ansiedad miro fijamente en la oscuridad desconocida de la quieta noche allí afuera. Hay seguridad en la oscuridad. Yo intento desviar mis pensamientos de las preguntas sobre el tiempo. Yo pregunto solamente por el momento inmediato en el que yace mi fuerza. Es todavía de noche, ya tarde en la noche, acercándose viene la mañana.››. Pero admitía también las condenas que pesaban sobre él por robo y violación, y no se avergonzaba de expresar el odio que latía en su interior: ‹‹Manejaba mi barra de acero entre las prostitutas de Hamburgo, Munich y Marsella […] Tuve enemigos y los conquisté a través de mi odio interno››

La autobiografía que Jack (arriba, en la cárcel) escribió en prisión fue su pasaporte a la libertad, su salto a la fama y su emancipación de la pobreza. Gracias a ella consiguió prestigio literario y apoyo de intelectuales y reformistas, pues en su autobiografía, si bien Jack hablaba de sus crímenes, se presentaba también como una víctima. Lo vieron así como el ejemplo del criminal redimido por el arte, y consiguieron que el 23 de mayo de 1990 se lo libere. Su autobiografía llegó a ser bestseller, entre sus líneas iniciales Jack escribió: ‹‹Permanezco despierto, removido de la liberadora inconsciencia de las ovejas. Bañado en mierda, temblando. Mis pequeños sueños miserables son un diario recordatorio. Con ansiedad miro fijamente en la oscuridad desconocida de la quieta noche allí afuera. Hay seguridad en la oscuridad.››

La autobiografía de Jack acabaría por ser la llave de su liberación. En ella, Jack era no solamente victimario sino víctima, y las palabras que lo colocaban en esa condición tenían tal poder que Jack acabó por conseguir el apoyo de críticos y reformistas y el respeto de intelectuales que veían en él al paradigma del criminal redimido por el arte. Era bien visto en la opinión pública, le llovían peticiones de entrevistas y muy pronto habría de iniciarse un fuerte movimiento que clamaría por su liberación, movimiento en el cual figuraría nada más y nada menos que la escritora Elfriede Jelinek, quien en el 2004 acabaría obteniendo el Premio Nobel de Literatura… Y es que, para la feminista Elfriede y para otros intelectuales, Jack no solamente era un sujeto reformado sino alguien que podía contribuir a la mejora de la sociedad a través del poder sensibilizador y creador de conciencia crítica propio de la Literatura.

Por ello la presión de los intelectuales, de ciertos periodistas austríacos y de algunos políticos de izquierda, acabó logrando que el 23 de mayo de 1990 se libere a Jack Unterweger, quien antes era un simple criminal ignorante y ahora aparecía como un conocido y flamante intelectual que declaraba con orgullo a la Prensa: “La vida es ahora. Vamos a seguir adelante. Es hora de lo nuevo”.

Jack nació en la pobreza y padeció el hambre, la ignorancia, la frustración y otros males, pero ahora había alcanzado la gloria y gozaba de prestigio y holgura económica. Aparecía en programas televisivos, hablando en entrevistas donde daba su opinión en debates sobre temas como seguridad pública, rehabilitación de reos y reinserción social. Ya no era ignorado ni tenía que vestir el poco elegante uniforme carcelario, ahora era una de las voces más respetadas en el tema de la reinserción del delincuente, vestía un flamante terno blanco con flor roja en la solapa, y no hablaba ya con reos sino con criminólogos, intelectuales, periodistas e incluso funcionarios del gobierno. La sociedad lo respetaba, en gran parte porque él era un símbolo viviente de que el sistema funcionaba.

Al salir Jack de la cárcel, era visto como un respetable y conocido literato. Vestía elegantemente (arriba), hablaba en entrevistas y debates, dialogaba con intelectuales, criminólogos, periodistas y funcionarios, lo invitaban a dar conferencias, a escribir columnas en prestigiosas revistas, a cortar listones de inauguraciones o hasta a presenciar los estrenos de sus obras de teatro. Era también muy cotizado por las mujeres, al punto de que cierto reportero escribió al respecto: ‹‹Su ropa interior cayó al suelo en cuanto Jack entró. Todas las chicas en Austria estaban locas por él››

El nuevo Jack era constantemente invitado para comentar sus libros, participar en conversatorios, dar conferencias, escribir columnas en prestigiosas revistas, cortar listones de inauguraciones o incluso presenciar los estrenos de sus obras que un grupo teatral presentaba. Y además podía gozar ampliamente de las mujeres pues, aparte de ser guapo, tenía los dos grandes imanes de mujeres: fama y dinero. Antes cualquiera lo habría despreciado, ahora cualquiera podría envidiarlo pues Jack era el tipo de hombre que vestía trajes de seda, usaba cadenas de oro y conducía lujosos autos deportivos con matrícula personalizada (“JACK 1”, por ejemplo), autos con los que deslumbraba a las féminas y se estacionaba frente a bares o discotecas de alta sociedad en donde, como si de soplar y hacer botellas se tratase, seducía a bellas y sensuales jovencitas con las que luego iba a alguna cómoda habitación en la que disfrutaba los “placeres de la carne”. Jack era un donjuán intelectual, capaz incluso de conquistar mujeres que no necesitaban de su dinero, cosa esta que cierto reportero plasmó cuando, en referencia al inicio de la relación entre Jack y una joven y adinerada amante suya, escribió lo siguiente: ‹‹Su ropa interior cayó al suelo en cuanto Jack entró. Todas las chicas en Austria estaban locas por él››.

Gregg McCrary, agente y creador de perfiles criminales del FBI, dijo cierta vez que: “Cuando se educa a un psicópata, lo único que se consigue es un psicópata educado”. Y es que la cultura y la educación, nada o muy poco pueden contra esa maldad innata propia del psicópata, y Jack Unterweger sería el ejemplo perfecto de eso; pues, mientras un Jack firmaba autógrafos y participaba en conversatorios, otro Jack seguía abrigando el oscuro deseo de matar. Por eso, entre septiembre de 1990 y julio de 1991, el mundo conoció al Jack escritor y sufrió al Jack asesino, quien con gran habilidad logró, en ese periodo, asesinar a 11 prostitutas y a la vez escribir y sonreír para las cámaras y la ingenua opinión pública.

Mientras un Jack firmaba autógrafos y participaba en conversatorios, otro Jack seguía abrigando el oscuro deseo de matar. Por eso, entre septiembre de 1990 y julio de 1991, el mundo conoció al Jack escritor y sufrió al Jack asesino, quien con gran habilidad logró, en ese periodo, asesinar a 11 prostitutas y a la vez escribir y sonreír para las cámaras y la ingenua opinión pública.

Su primera víctima después de la liberación sería Blanka Bockova; quien, además de ser prostituta, laboraba en una carnicería de Praga (allá no son estigmatizadas las prostitutas) y, según los testimonios, el 14 de septiembre de 1990 salió a tomar una copa en la Plaza de Wenceslao tras terminar el trabajo. Ella era una chica sociable que gustaba de conocer gente nueva y salir, y ese día estuvo con sus amigos en la plaza hasta eso de las 23:45, hora en la cual fue vista por última vez, según cuentan, con un desconocido bien vestido que se le había acercado para hablar y contratar sus servicios.

La primera víctima de Jack después de la liberación fue la prostituta Blanka Bockova (arriba, en ambas fotos). El 14 de septiembre de 1990 Blanka desapareció, y al día siguiente su cadáver fue encontrado desnudo, con las piernas abiertas de forma provocadora, con marcas de golpes, puñaladas y estrangulamiento, realizado con las propias medias de la chica.

A la mañana siguiente el cadáver de Blanka fue hallado en la orilla del río Moldava: no tenía ropa, estaba boca arriba y cubierto con hojas y ramas, tenía medias grises atadas al cuello, las piernas abiertas en posición sexualmente provocativa, un anillo de oro en el dedo, marcas de golpes, puñaladas y estrangulamiento. Los forenses determinaron que había muerto tan solo unas horas antes…

Cinco semanas después del asesinato de Blanka, Brunhilde Masser desapareció, siendo vista por última vez el 26 de octubre de 1990.

El 5 de diciembre de ese mismo año, la prostituta Heidemarie Hammerer desapareció en la turística ciudad de Bregenz, localizada en la frontera entre Suiza y Alemania. En la víspera de Año Nuevo su cadáver fue hallado en el bosque por unos turistas: tenía el vientre cubierto de hojas secas, cargaba puestas sus joyas, las piernas estaban desnudas y su falda con un trozo de tela cortado y colocado en su boca a modo de mordaza. Los forenses determinaron que la chica había sido golpeada y sujetada con esposas o ligaduras. No había restos de semen (lo que no implica que el agresor no haya tenido sexo con ella), pero se veían pequeñas fibras de tela roja, fibras que no encajaban con las prendas y pertenencias de la víctima. Inmediatamente luego del hallazgo del cadáver, la Oficina Regional de la Policía Federal de Austria inició una investigación.

Normalmente un asesino serial habría esperado más; pero, apenas transcurridos cinco días, el cadáver de la prostituta Brunhilde Masser fue descubierto por excursionistas en el norte de un solitario bosque de Graz. La difunta mujer yacía desnuda, recostada sobre el lado derecho, cubierta de hojas, sin los bienes personales alrededor aunque con las joyas puestas al igual que los cadáveres anteriores. Tenía las nalgas con mordeduras de animales carroñeros y estaba en avanzado estado de descomposición, a pesar de lo cual los forenses consiguieron determinar que ciertos signos del cadáver manifestaban que la víctima había sido acuchillada y estrangulada con sus propias medias. La escena claramente presentaba semejanzas con los casos anteriores, siendo así indicio de que muy probablemente un asesino serial andaba suelto. Sea como fuere las evidencias no eran abundantes, al punto de que en el caso de Masser los testimonios se redujeron a alguien que había visto por los alrededores a un hombre que caminaba junto a ella y vestía una cazadora de cuero.

No había mucho que hacer, y el 7 de marzo de 1991 la prostituta Elfriede Schrempf también desapareció, reportándose dos días después del suceso el acoso de un hombre que llamó dos veces a la familia de Schrempf para realizar comentarios ofensivos sobre la ocupación de la desaparecida chica.

En marzo de 1991 Jack fue a Viena. Allí acabó con las siguientes prostitutas (arriba, de izquierda a derecha): Silvia Zagler, Karin Eroglu, Sabine Moitizi y Regina Prem, quien además de prostituta era madre de familia. Tras matar a Regina, Jack llamó al esposo de ella, diciendo entre otras cosas algo que ese hombre nunca olvidó: “Yo fui su verdugo, y Dios me ordenó hacerlo. La tiré en un lugar de sacrificio, con la cara vuelta hacia el Infierno. Le he dado a muchas de ellas el castigo que merecían.”

Tras asesinar a Schrempf, Jack fue de cacería a Viena, consiguiendo que, en menos de un mes después de matar a Schrempf, cayeran víctimas (esto se sabe por las fechas en que desaparecieron) de él las prostitutas Silvia Zagler, Sabine Moitizi, Regina Prem y Karin Eroglu… Los cadáveres, hallados el 20 de mayo y el 23 de mayo en los casos de Sabine Moitizi y Karin Eroglu, sugerían una misma mano homicida: ambos cadáveres fueron encontrados en zonas boscosas de las afueras de Viena, estaban acostados de lado y presentaban signos de que la víctima había sido estrangulada con su propia ropa. Sabine Moitizi solo llevaba una camiseta y Karin Eroglu estaba completamente desnuda; el dinero de Sabine Moitizi había desaparecido pero su ropa y su bolso estaban a pocos metros, mientras que Karin Eroglu tenía puestas sus joyas y su bolso y ropa habían desaparecido con excepción de los zapatos. El caso de Regina Prem tenía un adicional toque siniestro, pues esta prostituta y madre de familia desapareció cierta noche y, poco después, su esposo recibió varias llamadas de un sujeto que aseguraba ser el asesino de Regina y describía con escalofriante exactitud y minuciosidad las prendas que ella llevaba la noche en que desapareció. El esposo de Regina jamás olvidará lo que le dijo quien decía haber matado a su esposa: “Yo fui su verdugo, y Dios me ordenó hacerlo. La tiré en un lugar de sacrificio, con la cara vuelta hacia el Infierno. Le he dado a muchas de ellas el castigo que merecían.”. Los crímenes no requerían ser idénticos y los parecidos que presentaban hacían una formidable conjunción con el “le he dado a muchas de ellas el castigo que merecían” que oyó el esposo de Regina. En Estados Unidos la Policía ya habría concluido que un asesino en serie andaba suelto, pero en Austria los métodos de análisis criminalístico eran menos avanzados y el temor de aceptar la inédita situación del asesino serial era grande, por lo que los investigadores se vieron inclinados a acentuar las diferencias entre los distintos crímenes, concluyendo erradamente que se trataba de casos aislados.

A pesar de la actitud torpe e ingenua de la Policía, la Prensa se aventuró a sacar sus propias conclusiones y el 25 de mayo de 1991 un periódico austríaco sacó una nota en que se hablaba de un asesino serial suelto y se lo bautizaba como “El Estrangulador de Viena”. No importó que los investigadores vieneses se resistiesen a vincular los asesinatos de Viena con los otros casos de la serie, los periodistas habían iniciado su propia línea indagatoria y, en medio de diversas especulaciones sobre el supuesto asesino serial, la búsqueda de opiniones calificadas condujo a los periodistas a buscar la ayuda y las opiniones de Jack Unterweger, hecho que equivalía a pedir que el asesino ayude a atrapar al asesino y se pronuncie sobre quién podría ser el asesino, siendo evidente que eso implicaba facilitarle información y darle medios de poder para manipular la opinión pública y sostener la ilusión de su inocencia. Fue así que Jack Unterweger, que para entonces colaboraba en el diario austríaco El Correo, inició una amplia labor de cobertura sobre los asesinatos de “El Estrangulador de Viena”

Naturalmente Jack aprovechó la oportunidad y entrevistó a criminalistas, a políticos, a policías, a agentes encargados de la investigación. En cierta ocasión, Jack tuvo la perversidad de preguntarle a uno de los investigadores del caso si creía que las prostitutas de Austria tenían miedo. “Creo que están aterradas”,respondió el investigador, y Jack usó esa respuesta para alertar a la sociedad austríaca sobre el hecho de que un asesino serial estaba actuando.

Pese a la torpeza de la Policía, la Prensa sacó sus conclusiones y el 25 de mayo de 1991 un periódico austríaco sacó una nota en que se hablaba de un asesino serial suelto y se lo bautizaba como “El Estrangulador de Viena”. Tuvo que aparecer en la escena el investigador retirado August Schenner, quien años atrás investigó el primer asesinato de Jack y ahora, al ver patrones en común de aquel crimen con los casos recientes, planteaba la innovadora hipótesis de que el asesino serial era Jack. Así, la Policía empezó a vigilar discretamente a Jack, aunque sin hallar nada sospechoso en sus actividades.

Hasta el momento las investigaciones policiales no conducían a nada, pero todo cambió cuando August Schenner, investigador retirado del Departamento de Investigación Criminal de Salzburgo, planteó la siguiente hipótesis tras meses de seguir con atención el caso: sí existía un asesino serial, y ese asesino era Jack Unterweger. Esto él lo pensó porque años atrás había trabajado en el caso por el cual se envío a prisión a Jack, notando así que aquel asesinato evidenciaba un mismo modus operandi que, con ligeras variaciones, venía repitiéndose en los casos recientes que el propio Jack cubría periodísticamente a través de amplios reportajes en los que inteligentemente mostraba ardiente indignación y una actitud de presión hacia las autoridades para que atrapasen al asesino…

La hipótesis de August era demasiado suspicaz y truculenta y los investigadores inicialmente estuvieron escépticos, aunque posteriormente August les dio razones que los hicieron dudar y entonces una discreta vigilancia se inició en torno a Jack, dando de momento resultados desalentadores pues el afamado escritor se dedicaba a reunirse con otros escritores, a organizar cenas, a salir con sus amantes, a asistir a exposiciones y otras cosas por el estilo.

En junio de 1991, una revista austríaca contrató a Jack para que éste escribiera reportajes vinculados a las temáticas de los casos que había cubierto por el asunto de El Estrangulador de Viena. Entonces le propusieron ir a la ciudad estadounidense de Los Ángeles para investigar cómo era allí la prostitución, y el 11 de junio del mismo año Jack tomó un avión y se dirigió hacia Los Ángeles, contento de saber que allí la policía austríaca no podría vigilarlo.

Paralelamente, en Viena el prestigioso Dr. Ernst Geiger (segundo en importancia dentro de la Policía Federal de Austria) tomó el mando de las investigaciones, sabiendo que el aspecto medular de su trabajo era refutar o confirmar la hipótesis sobre la culpabilidad de Jack Unterweger.

Cinco fueron las semanas que Jack estuvo en Los Ángeles, y en todo ese tiempo ninguna mujer fue asesinada en Austria y tres prostitutas fueron asesinadas en Los Ángeles. ¿Coincidencia? Claramente el asesino era Jack, y pronto la verdad se sabría.

Durante la ausencia de Jack, al no poder seguirlo la Policía reconstruyó sus movimientos pasados mediante los recibos de tarjetas de crédito, facturas y otros papeles vinculados a su pase por hoteles, restaurantes, agencias y otros puntos de registro de datos. Se supo entonces que: 1) Jack había viajado prácticamente por toda Austria. 2) Estuvo en Graz cuando Brunhilde Masser fue asesinada. 3) En marzo, cuando Elfriede Schrempf desapareció, Jack andaba por allí. 4) En diciembre Jack estuvo en Bregenz, lugar donde Hammerer desapareció justo en esas fechas, siendo además vista con un sujeto que se parecía a Unterweger según la descripción del testigo. 5) Justo el mes y el año en que Blanka Bockova fue asesinada en Praga, Jack había viajado a Praga… Las coincidencias eran demasiado sugerentes, sobre todo la del viaje a Praga. No eran suficientes para acusarlo, pero sí para justificar una entrevista con Unterweger para cuando éste volviese.

Entretanto Jack gozaba de privilegios en Los Ángeles, pues se había presentado como periodista europeo y la Policía y el FBI lo apoyaron y hasta le dieron una escolta policial para que pudiese visitar las zonas más sórdidas (zonas claves en el mundo de la prostitución) de la ciudad sin arriesgar su vida.

Allí, entre las calles marginales del comercio carnal, Jack fue guiado por los agentes policiales hacia los puntos donde estaban las prostitutas. Le habían enseñado al gato la guarida de los ratones, y el precio fue la muerte de tres prostitutas: Sherri Ann Long, Shannon Exley e Irene Rodríguez. Todas habían sido dejadas a la intemperie y estranguladas con sus propios sostenes. Prácticamente la firma del asesino era estrangular a las víctimas con sus propias prendas, y el asesino había firmado esos tres casos… Los detectives Jim Harper y Fred Miller fueron los encargados de manejar las investigaciones de los tres asesinatos, pero de todas formas Jack volvió impunemente a Europa.

A su regreso a Viena, Jack escribió varios artículos sobre la prostitución en Los Ángeles y su experiencia en USA, pero su tranquilidad fue turbada cuando el 22 de octubre de 1991 ciertos funcionarios de la Oficina de Investigación Criminal lo interrogaron. Creían que podían hacerlo confesar, mas Jack fue más astuto que ellos y, ante la presión, todo lo que confesó (como si le pesara tal confesión) fue que solía acostarse con prostitutas, pero que no sabía nada de las víctimas. Tuvieron entonces que dejarlo en paz, momentáneamente.

Jack se puso más alerta después de la entrevista, y lo primero que hizo fue pedir apoyo a los amigos que tenía en el mundo periodístico. El apoyo surgió con contundencia y muchos colegas de Prensa se indignaron ante la “injusta” persecución e hicieron suya la causa de Jack, a lo cual se sumó la represalia que el propio Jack dio a la Policía escribiendo artículos de crítica en torno a la mala conducción que estaban teniendo las investigaciones.

El inteligente Dr. Ernst Geiger había conseguido rastrear el BMW que Unterweger compró cuando salió de la cárcel. Jack había vendido el BMW para comprar un Volkswagen Passat pero el propietario actual del BMW dejó que los policías examinaran minuciosamente el auto y entonces algo insólito fue hallado: un cabello de la prostituta Blanka Bockova, asesinada en Praga. En efecto, los análisis de laboratorio mostraban que el ADN del cabello era el mismo ADN del cadáver de Blanka Bockova, por lo que lo lógico fue suponer que Blanka había estado en el BMW cuando éste pertenecía a Jack, puesto que Jack lo vendió después del asesinato de Blanka.

Paralelamente al hallazgo, los agentes vieneses se comunicaron con la Policía de Los Ángeles, se enteraron de las tres prostitutas asesinadas, dieron información sobre el modus operandi registrado en los casos de Austria, y eso, junto al hecho de que los asesinatos se dieron cerca del hotel en que estaba Jack, hizo pensar a los policías estadounidenses que muy probablemente Jack era el asesino.

Por su parte el cabello de Blanka era una evidencia tan fuerte que permitía hacer un cateo del departamento de Jack en Viena. Al realizar el cateo, los investigadores encontraron varias cosas pero una de ellas era sustancial: la bufanda roja de Jack. Sucedía pues que las fibras de aquella bufanda coincidían con las fibras rojas encontradas junto al cadáver de la prostituta Hammerer, las cuales no concordaban con la naturaleza de las prendas de la chica y parecían pertenecer al agresor.

Todo lo anterior fue suficiente para emitir una orden de detención; pero, cuando fueron a buscarlo, el aguzado Jack había escapado con su joven (18 años) novia Bianca Mrak, a la cual conoció en un bar (donde trabajaba de camarera) y convenció para que se mude con él. En teoría Jack se había ido de vacaciones con Bianca, pero la realidad era que sus amigos le informaron que la Policía lo iba a detener y él se les adelantó, como tantas otras veces.

Una vez emitida la orden de detención, todos los periódicos de Austria lanzaron la noticia. Sin embargo, en aquellas notas de Prensa, Jack no era un criminal, no era un victimario. Era una víctima, un ejemplo de ciudadano reformado que estaba siendo injustamente perseguido, un valioso intelectual al que, en base a un pasado oscuro, los policías habían tomado como chivo expiatorio. La reacción no se hizo esperar y políticos e intelectuales protestaron ante lo que consideraban como un intento por fabricar un culpable. Por todo esto la opinión pública estaba a favor de Jack, y él intentaría emplearla como quien dispara un fusil hasta agotar la última bala.

Pero como contraparte Jack ignoraba que la Policía de Los Ángeles lo tenía como principal sospechoso de los tres asesinatos, por lo que fue desprevenido a Miami y, además, cometió el gravísimo error de mentir a las autoridades migratorias, ocultando el antecedente penal de haber sido culpable de asesinato (su primer asesinato) en Austria.

Durante el vuelo, Jack se comunicó con varios periódicos austriacos, obteniendo con eso algo de ayuda en forma de presión mediática sobre la Policía. Consiguió así llegar e instalarse con Bianca en Miami, en donde escribió una carta que, tras varias llamadas a distintos medios de comunicación, consiguió finalmente publicar, aumentando así la probabilidad de conseguir más fuerza a través de la opinión pública. En la carta se podía leer: ‹‹Mi viaje no es ninguna confesión. Es un acto nacido de la desesperación. No hay forma de probar nada contra mí. Yo estaba haciendo el bien y mi vida era buena, tal vez demasiado. El destino decidió castigarme, una vez más, por mi deuda con el pasado. Pero todavía tengo algo que decir. Si un funcionario imparcial, neutral, determina que la orden contra mí es injusta y la retira, estoy dispuesto a ponerme a disposición de esa persona.››

Adicionalmente Jack consiguió otro punto a su favor con la entrevista pagada que aceptó con la revista Erfolg, pues en dicha entrevista el entrevistador le preguntó si había forzado a Bianca a irse con él y entonces Jack puso a Bianca en el teléfono, y Bianca dijo en tono muy convincente que se fue con Jack porque quería, que la estaba pasando maravillosamente, que lo amaba y que todo lo que se afirmaba sobre él era falso.

En un panorama mediático de tal naturaleza, no resultaba para nada difícil el que la gente creyera las mentiras que Jack comunicaba a uno y otro medio. Decía que él era un chivo expiatorio, que la Policía se le había cargado porque estaba molesta con la libertad que consiguió tras publicar su autobiografía, que los policías estaban determinados a ponerlo de vuelta en la cárcel y que él no volvería a la cárcel y seguiría prófugo hasta que obtuviese un juicio justo. Y esas afirmaciones las acompañaba siempre con el conjunto de mentiras que tenía fabricadas en relación a dónde estuvo y qué hacía cuando se cometió cada asesinato.

La Policía no sabía con exactitud dónde se hallaba Jack, pero había contactado con la madre de Bianca para que ésta les informase apenas se pusiese en comunicación con su hija o con Jack, puesto que cada cierto tiempo le enviaba dinero a Bianca. Para aquel entonces Bianca ya estaba atenta a la persecución que pesaba sobre Jack, pero sin embargo tuvo el despiste de enviar a su madre un telegrama en que le pedía dinero y le proporcionaba la dirección de Miami en que estaba para que se lo enviase por Western Union. Entonces la madre de Bianca informó a la Interpol, la Interpol alertó a la Policía de Miami e inmediatamente se emitió una orden de vigilancia sobre la oficina de Western Union, junto a una foto de Jack y una orden de detención basada en los cargos de haber mentido en la aduana y ser sospechoso de asesinar en Austria.

Cuando Bianca salió de la oficina de Western Union tras cobrar el dinero, los agentes se le acercaron y, al ver eso, Jack salió corriendo y Bianca hizo lo mismo al verlo.

Finalmente lo atraparon, y Jack se tranquilizó y bromeó al saber que la primera acusación era entrar ilegalmente (por mentir en aduana) en USA, pero después se quebró emocionalmente cuando escuchó a un agente de la Interpol decir que se lo buscaba por asesinatos en Austria. Entonces empezó a llorar, mas poco después se calmó al saber que sería extraditado a Austria, ya que en Austria tenía a la opinión pública a su favor y el mayor mal posible era la cadena perpetua, mientras que en USA lo podían meter a la cámara de gas.

El 28 de mayo de 1992, Jack Unterweger fue extraditado a Austria, donde negó los asesinatos que cometió mientras pudo. Inició así un nuevo diario en la prisión, escribió cartas a la Prensa en que declaraba su inocencia, e incluso expresó en una entrevista: “¿Sería tan estúpido y loco para que, durante la mejor etapa de mi vida, en la que escribo en varios medios, hago obras de teatro, actúo, hago giras y tengo muchas amigas maravillosas, matase a alguien cada semana?” 

El juicio (por los 3 asesinatos de USA, el de Praga y los 7 de Austria) de Jack inició en junio de 1994 y en él estuvieron: el detective estadounidense Jim Harper, el criminalista Harold Lynn, Gregg McCrary del FBI, entre otros. Sin embargo y pese a todos los expertos que tenía en su contra, Jack seguía teniendo el apoyo de la Prensa y de la opinión pública, por lo que se mostraba seguro de que saldría libre, se vestía elegantemente y se defendía a sí mismo emitiendo declaraciones como: “Estoy contando con su absolución porque yo no soy el culpable. Su decisión me afectará no sólo a mí, sino al verdadero asesino, quien ahora debe estar burlándose”.

Pero poco a poco las evidencias fueron sumándose. Una de ellas fue el hecho de que su ADN se encontró en el semen presente en las vaginas de las tres prostitutas estadounidenses, aunque eso no fue contundente porque también había semen de otros hombres (eran prostitutas…). No obstante hubo otra nueva evidencia que sí contribuyó fuertemente a hundirlo y que hizo a Bianca distanciarse de él: a saber, en el diario que Jack escribió en Miami estaba expresado que él pensaba asesinar a Bianca y tras eso huir a otro país… Aquello dio un giro radical al proceso, pues desde allí la Prensa y la opinión pública no volvieron a verlo igual.

Finalmente la condena llegó: Jack Unterweger era culpable de un asesinato en Praga, tres en Los Ángeles y cinco en Austria. La sentencia sería la cadena perpetua, pero Jack cumplió su promesa de no pasar un solo día en prisión y, la misma noche en que lo condenaron, aprovechó una distracción de los guardias y se ahorcó con un nudo hecho con los cordones de sus zapatos e idéntico al que solía hacer con sus víctimas.

Nadie se esperaba el suicidio y la opinión pública se conmocionó, a la par que muchos vieron en el hecho una manifestación radical de los defectos del sistema judicial austríaco.

Por otra parte, tras la muerte de Jack escritores y productores de cine lanzaron obras inspiradas en él, el cantante austríaco Falco lanzó el exitoso tema “Jeanny” inspirándose en él, se escribieron estudios sobre su personalidad criminal, las editoriales reeditaron sus obras literarias con grandes tirajes y Bianca Mrak escribió un libro sobre su relación sentimental con él.

El famoso actor John Malkovich hizo una obra teatral inspirada en Jack y afirmó desdeñosa y socarronamente lo siguiente sobre el asesino y su producción literaria: ‹‹Sí. Unterweger era un psicópata [..] aunque nunca fue un buen escritor. Era una papa caliente entre la izquierda y la derecha. Imagina que alguien te dice que los árboles delante de tu casa están enfermos. La Izquierda dice: “hay que alimentarlos, darles agua”. La Derecha dice: “hay que arrancarlos para que no contagien a los demás”. Yo en cambio me pregunto por qué ha venido una persona a contarme que las plantas están enfermas››

Por último, el actor y productor inglés John Malkovich lo tomó como fuente de inspiración para una obra de teatro suya, afirmando desdeñosa y socarronamente lo siguiente sobre el asesino y su producción literaria:‹‹Sí. Unterweger era un psicópata, pero hubo quien dijo que había que dejarlo libre porque tomó cursos de escritura. Aunque (para mí) nunca fue un buen escritor. Era una papa caliente entre la izquierda y la derecha. Imagina que alguien te dice que los árboles delante de tu casa están enfermos. La Izquierda dice: “hay que alimentarlos, darles agua”. La Derecha dice: “hay que arrancarlos para que no contagien a los demás”. Yo en cambio me pregunto por qué ha venido una persona a contarme que las plantas están enfermas››

Fuente: www.asesinos-en-serie.com

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